En algunos países se conoce como el Día de Todos Los Santos o el Día de todas las Almas, sin embargo, aquí en México celebramos el Día de los Muertos. Es una tradición altamente divertida, en la que se honra a nuestros difuntos pero manteniendo el sentido del humor y siempre con una sonrisa en la cara. Sayulita Sol, tu joyería en México por excelencia, hoy dedica este espacio a rememorar nuestra tradición y recordarte el por qué de esta festividad.
Para conocer el origen de esta costumbre mexicana, debemos remontarnos a la época prehispánica en México. Las culturas indígenas poseían un profundo respeto por el difunto y concebían la muerte como un viaje hacia el reino de los muertos, conocido como Mictlán. Este trayecto duraba 4 días. Al llegar al Mictlán, el difunto debía entregar una ofrenda a los señores o dioses del reino de los muertos: a Mictlantecuhtli, el dios de los muertos, y a Mictecacíhuati, la señora de los moradores del recinto de los muertos. En ese momento, el difunto permanecía en un periodo de prueba de 4 años hasta llegar a un lugar para su eterno reposo: “La Obsidiana de los Muertos”.
En sus inicios, este viaje hacia el reino de los muertos, se celebraba con el fin de que los familiares pudieran honrar a su difunto y ayudarle en su trayecto hacia el Mictlán. Originalmente, la festividad duraba un mes, el noveno mes según el calendario solar mexicano, es decir, comenzaba en agosto y finalizaba antes de septiembre. La celebración, aunque en distintas fechas, incluía varias culturas como los Aztecas, Mayas, Nahuas, Purepechas y Totonacas. Sin embargo, tras la conquista española, en el siglo XVI, el cristianismo comienza a introducir el miedo a la muerte y el infierno como concepto. En la época colonial se observaron una serie de culturas entremezcladas que se encontraban a medio camino entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Tras la conquista, el resultado fue una diversidad cultural que entremezclaba las religiones prehispánicas con la religión católica. Por su parte, el catolicismo quiso mover la festividad a noviembre para hacerla coincidir con el Día de Todos los Santos de la religión cristiana que, a su vez, coincidía con el Halloween. Consecuentemente, los españoles decidieron mezclar tradiciones, obteniendo como resultado la festividad actual: El Día de los Muertos. La festividad ha seguido su cauce hasta la actualidad, con diferentes significados según el pueblo indígena, pero celebrándose el 1 y 2 de noviembre para honrar a los difuntos con altares y los santos de la iglesia católica.
Como decíamos, a día de hoy, sigue siendo una tradición en nuestro país, en la que el dolor por la muerte del ser querido se contrasta y se entremezcla con una ceremonia alegre y la fiesta con el objetivo de encontrar el positivismo necesario ante las desgracias propias.
Sin embargo, vayamos al grano: ¿Cómo se celebra el Día de los Muertos? Debes saber que esta festividad no es nada sin el altar dedicado a la muerte. Este elemento se puede componer, principalmente, de dos niveles, representando el cielo y la tierra, sin embargo, podemos encontrarnos con altares de tres niveles, añadiendo el concepto del purgatorio. Algunos, los más tradicionales, hasta pueden hacer uso de altares de siete niveles, en los que se incluyen los pasos necesarios para llegar al cielo:
- El primer nivel: hace referencia al santo mexicano del cual se sea devoto.
- El segundo nivel: tiene que ver con el purgatorio, ya que por medio de él, según la cultura mexicana, se obtiene permiso para salir del lugar.
- El tercer nivel: la sal es el símbolo de este tercer escalón del altar, en el que se hace una alusión a los niños y a la purificación del espíritu.
- El cuarto nivel: nos encontraremos con el pan de muerto que se ofrece como alimento a las almas que aún se encuentran en medio camino, entre la tierra y el cielo.
- El quinto nivel: se colocan la comida y los frutos favoritos del difunto.
- El sexto nivel: se incluyen las fotografías de los muertos.
- El séptimo nivel: se emplea una cruz formada por frutas o semillas, simbolizando la llegada al reino de los difuntos.
El altar se compone de distintas ofrendas que los seres queridos emplean como una honra a la persona fallecida y con el objetivo de que sus difuntos, donde quiera que estén, sigan disfrutando de las mismas vivencias y cosas que cuando estuvieron vivos. Sin embargo, el proceso o las donaciones a los dioses variaban según la cultura, país o familia. En México la tradición ha recogido una serie de elementos que protejan al espíritu del difunto para que alcance el principal objetivo: llegar al reino de los muertos. Entre los elementos más representativos, podemos encontrarnos con la cruz y la imagen del difunto, en este caso, nos encontramos con fotografías, a veces, con retratos o dibujos. En este caso, también se puede hacer uso de alguna herramienta, representando el trabajo del difunto o algún objeto personal. Por otro lado, el copal y el incienso, el primero se emplea para purificar las energías del lugar en el que se lleve a cabo la ceremonia y el incienso, se utiliza para santificar el ambiente, aunque el altar también puede incluir infusiones de hierbas como el laurel para producir un olor atractivo que se encargará de guiar a las almas. Los frutos, las semillas, como el maíz o el cacao, y las especias se encargan de plasmar la imagen de la tierra en la cultura mexicana. Uno de las ofrendas más importantes es el arco, que se coloca en el último nivel y simboliza la entrada al mundo de los muertos. Para simbolizar el fuego, se emplean veladoras o cirios que se utilizarán para los difuntos recordados, así como para las almas olvidadas ¡Ah! No olvidemos las flores (que tanto se usan como inspiración en joyería), en concreto, la flor de cempasúchil, su belleza y olor atraen a los difuntos hacia la ofrenda, marcando el camino que deben seguir las almas. Por otro lado, las conocidas calaveras mexicanas de chocolate, azúcar o amaranto, sirven como recuerdo del destino final y como símbolo de la aceptación y respeto hacia la muerte que, en la cultura mexicana, resulta inevitable. El papel picado, se emplea con el objetivo de construir formas y figuras que, posteriormente, serán pegadas en la parte de arriba de la ofrenda. Las cruces, crucifijos, rosarios y el pan de muerto, también son elementos empleados en la celebración del Día de los Muertos. También se usa el agua, otro elemento de mucha importancia, ya que hace hincapié en la pureza del alma y la regeneración de la vida. Un vaso de agua sirve para calmar la sed del difunto tras el viaje hasta el cielo. Por último y rememorando que nos encontramos ante una ceremonia alegre, el tequila y las bebidas favoritas del difunto tampoco pueden faltar.
Ahora que ya eres todo un experto en esta festividad y en la cultura mexicana, Sayulita Sol Joyas, te invita a vivir esta experiencia en nuestra boutique joyería en México, en Riviera Nayarit ¡Feliz Día de los Muertos!








